Hace poco más de un año, se concretó la fusión entre la Provincia de las Antillas y la Región de Guyana-Jamaica, dando lugar a la nueva “Provincia del Caribe” de la Compañía de Jesús.

En esta nueva estructura, el Caribe hispanohablante y el anglófono se integran en una sola provincia. Aunque el mar Caribe nos separa geográficamente en diversas islas y territorios, ahora nos une en una misma entidad. La provincia tiene presencia en seis países, además de la República Dominicana, incluyendo Cuba, Guyana, Jamaica, Trinidad, y la ciudad de Miami en los Estados Unidos.

En el medio no solo está el agua del mar, hay diferentes culturas, idiomas y tradiciones. Sin embargo, nos conectan los cañaverales, una historia compartida de esclavitud y luchas por la libertad, los vibrantes ritmos de la música caribeña, el sol y la alegría de vivir. Gabriel García Márquez, oriundo de un pueblo caribeño en la costa de Colombia, solía decir:

Vista de río desde embarcación

“El Caribe es una región en la que se da una perfecta simbiosis -o se da más claramente que en otras partes del mundo- entre el hombre, el medio natural y la vida cotidiana. […] En el Caribe el mar tiene todos los azules imaginables, los ciclones arrastran las casas por los aires, los pueblos subsisten bajo el polvo y el calor invade todo el aire respirable. Para el habitante del Caribe las catástrofes naturales y las tragedias humanas son el pan de cada día. […] Eso ha producido un espíritu muy peculiar, una visión de la vida que da a todo un aspecto maravilloso sobrenatural que tienen las cosas..”.

Queremos abrir nuestros ojos para ver este lado sobrenatural en todo lo que acontece. Tanto en los momentos de alegría como en los de tristeza, podemos contemplar las maravillas que Dios obra. El Caribe nos invita a esta disposición de “buscar y hallar a Dios en todas las cosas”, tal como lo expresa San Ignacio.

Mujeres y hombres desfilando en grupo por la calle
Hombre joven y anciano sosteniendo un sombrero